miércoles, 14 de febrero de 2018

Animé recomendado: Made in Abyss


Una de las emociones más poderosas para el hombre es el deseo de explorar lo desconocido. Ese equilibrio tambaleante entre retroceder ante los riesgos y peligros ocultos en el camino y el seguir adelante en pos de descubrir las respuestas a los diversos misterios que esconde la naturaleza.

En ese sentido, Made in Abyss es la metáfora perfecta de esta búsqueda. Es una historia que evoca en sus espectadores todas estas emociones, invitándolos a observar fijamente al abismo.

Cuando publiqué mi lista TOP 5 de Grandes animés del 2017 apropósito dejé afuera a esta joyita del año pasado. Made in Abyss es hermosa desde todo punto de vista, pero sólo pudimos ver 13 capítulos que se corresponden con la primera mitad de la historia.

Una segunda temporada, que completará el manga, se espera para este 2018.


Made in Abyss (2017)

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En un mundo alternativo, un enorme sistema de pozos y cuevas llamado el “Abismo” representan el único lugar inexplorado por la humanidad. En sus profundidades residen extrañas y maravillosas criaturas. Además, las cuevas esconden tesoros conocidos como “reliquias”, capaces de lograr milagros imposibles.

Los misterios del Abismo fascinan a los humanos, quienes descienden para explorarlo. Pueblos enteros han surgido en la superficie. Los aventureros del pozo se conocen como “Cave Raiders”. Entre ellos, una pequeña niña huérfana llamada Riko vive en la ciudad de Orth, al borde del Abismo. Su sueño es convertirse en una cave raider como su madre, quien descendió hace muchos años y nunca más fue vista.

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Made in Abyss parte de una premisa atrapante y cuenta con toda una mitología enorme para escarbar. Tiene mucha aventura, misterio, retazos de vida, acción y emoción. Incluso si no sos fan del animé, vas a quedar encantado con el aspecto visual, la música y la conmovedora historia.

No cometan el error de creer que se trata de un animé para niños. Si bien los diseños son bastante infantiles, la serie se va volviendo más oscura conforme avanza, tiene algunas situaciones tremendas y trabaja temas muy adultos.

Quienes hayan visto Madoka Magica, en algún punto es comparable. Madoka es una deconstrucción del género Magical Girl (al estilo Sailor Moon). Comienza como cualquier show del género y pronto se transforma en algo mucho más oscuro y maduro (es uno de los animés que recomiendo en esta nota)

Con Made in Abyss pasa algo muy similar. Por ejemplo, uno de los temas que trabaja con fuerza es la explotación infantil, que en aquel lugar llegó a niveles insospechados.


El inodoro natural más grande del mundo...

La obsesión por el Abismo

El Abismo posee capas y niveles desde la superficie, hasta un indeterminado "final" del que no se sabe prácticamente nada. Cada capa tiene su tipo de ecosistema, su propia fauna y vegetación. Es tan diverso que se siente como si los protagonistas viajaran a distintos lugares del mundo de un episodio a otro.

Es muy interesante cómo también se lo idolatra como a una especie de Dios. La obsesión de los pueblos de la superficie los llevó a crear dogmas y un sistema de creencias que fueron transmitidos entre generaciones.

Y es que el Abismo realmente es una masa enorme y oscura que modifica la realidad (como seres vivos o el tiempo) y tiene propiedades misteriosas.

La esencia de Made in Abyss está realmente en sus personajes muy bien definidos. Los protagonistas son el robot Reg y la niña Riko. El vínculo entre los dos es el punto más logrado de la historia, así como su interacción con el resto de los personajes secundarios.


Personajes de Made in Abyss

En cuanto a su estructura, el animé es lineal y progresivo, sin capítulos que puedan considerarse como “fillers” o relleno. La primera temporada comprende tres grandes arcos argumentales:
Primer arco: Los huérfanos de Belchero (capítulos 1 a 3)

Es la mejor forma de disparar la aventura. Nos sumergimos en los detalles del lugar y la mitología detrás del Abismo, mientras conocemos a los protagonistas. Sobre el final de este arco, Reg y Rika logran descender exitosamente hacia las profundidades.
Segundo arco: El primer descenso y Ozen, la Inamovible (capítulos 4 a 9)

Acá es donde uno se engancha realmente. La serie se torna realmente atrapante y querés ver el siguiente episodio apenas terminás el anterior. El argumento se va transformando lentamente en algo más siniestro e inesperado. Pasan algunas cosas duras que me recordaron, en tono, a ese obra maestra que es Full Metal Alchemist.
Tercer arco: El punto de quiebre y la aparición de Nanachi  (capítulos 10 a 13)

El clímax de la primera temporada presenta a un nuevo personaje (Nanachi), quien vive en lo profundo del abismo y es la llave que necesitan Reg y Rika para continuar el descenso. Se revelan algunos secretos terribles y, en la última escena, hace su aparición quien aparenta ser el villano de la serie, dejándonos expectantes para la continuación.

Palabras finales

Made in Abyss es una obra que rara vez se puede encontrar en estos días. Lisa y llanamente, es una de las mejores historias de aventura fantástica contemporáneas que haya llegado a mis manos en estos últimos años. Especialmente recomendada para los amantes de buenos historias de aventura.

El abismo no es un lugar para nada amigable y explorarlo junto con los protagonistas es una travesía en sí misma. El atractivo viene desde varios frentes: el vínculo entre los personajes, el precioso soundtrack y la excelente construcción de mundo que se logra desde todos los ámbitos (narrativo, visual y sonoro).


El abismo se configura como uno de los personajes principales de toda la serie. La narrativa visual  que se maneja nos muestra –sin necesidad de mucha exposición– el majestuoso auqnue salvaje mundo con el que tienen que interactuar los protagonistas. El Abismo tiene niveles que guardan peligros, pero también hermosos parajes por descubrir.

Es uno de esos animés que te sorprenden gratamente y no te dejan indiferente. Funciona no solo en términos de forma (el apartado artístico es majestuoso) sino también por sus sólidos elementos argumentales. 

Llorás, sufrís, reís te emocionás y te sumergís –junto a Reg y Riko– en las profundidades de lo inexplorado.

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Las capas del Abismo, Made in Abyss (2017)

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viernes, 9 de febrero de 2018

Cómo llegué a publicar para la Ellery Queen Mistery Magazine


A lo largo de los 5 años de vida del blog me han pasado cosas locas y maravillosas, pero ninguna tan increíble como la particular forma en la que llegué a publicar un cuento en inglés para la Ellery Queen Mistery Magazine (EQMM), la revista de misterio y ficción detectivesca más importante de los Estados Unidos.


The Final Analysis, by Luciano Sívori. EQMM January/February 2018


De hecho, que pudiera llegar a publicar en la EQMM fue todo gracias a esta nota: “Invitación a un crimen, un cuento de Josh Pachter”.

Me crié leyendo relatos policiales de todo tipo. Historias que fueron creando mi gusto por la literatura detectivesca, el suspenso y el misterio. Leía cualquier cosa que se cruzaba por mi camino, desde antologías de cuentos hasta revistas especializadas.

En casa mi viejo tenía una buena cantidad de antiguas revistas de EQMM y yo me las leía todas de atrás para adelante. Ahí me encontré, por primera vez, con un cuento que se convertiría en uno de mis favoritos.

Invitación a un crimen –la historia de Josh Pachter (que pueden leer acá)– nos habla de una peculiar convocatoria. Un detective y una serie de importantes personas de la ciudad son llamadas a presenciar un asesinato. Las cosas que empiezan a pasar a partir de ahí son tremendas.

La nota quedó en el blog un buen tiempo, olvidada en los rincones del éter.

Un día recibo un mensaje en mi fan-page. Era Josh, el autor, agradeciéndome por haber mencionado su historia. ¡Un escritor famoso, aclamado y reconocido mundialmente me escribía a mí agradeciéndome! Resulta que cada tanto él googlea sus propias ficciones para encontrar copias piratas distribuidas de forma ilegal. Así llegó hasta el humilde blog de un pibe aspirante a escritor de la ciudad de Bahía Blanca.

La cuestión es que empezamos a intercambiar mails contándonos nuestras vidas. Yo le conté que escribía y que tenía dos novelas publicadas: Un verano para recordar (EdiUNS, 2013) y El Alma Dividida (Cuanto te quiero, 2017). También le hablé sobre mis (muchos) cuentos escritos.

Él propuso que le presentara uno de mis relatos no-publicados favorito, que fuera de misterio y tuviera cierta cantidad de palabras. Le di “El razonamiento agotado” y comenzamos una ardua tarea de traducción al inglés.

La verdad es que la traducción corrió toda por su lado y él me consultaba constantemente sobre cómo iban quedando los distintos fragmentos y algunas cosas relacionadas con las costumbres argentinas e idiosincrasia de nuestro país.

Fue un ida y vuelta hermoso donde aprendí muchísimo sobre el oficio de traductor literario. Al finalizar, teníamos en nuestras manos The Final Analysis, mi primera obra en inglés.


Josh hizo un trabajo fantástico y muy profesional con el relato, respetando el tono que le había dado originalmente en español y además elevándolo hacia otro lugar gracias a su excelente traducción. Sin duda quedó muchísimo mejor.

¡Se lo presentamos a la EQMM y ellos aceptaron comprarlo! Fue interesante hacer unos dólares, pero más interesante aún fue tener un cuento publicado en la revista que leí durante toda mi infancia. Y todo gracias a una pequeña nota en el blog.

The Final Analysis se publicó recientemente en la edición de enero/febrero 2018 de la Ellery Queen Mistery Magazine.


La historia sucede en el Parque de Mayo de mi ciudad, Bahía Blanca, y tiene como protagonista a un anciano. Un día como cualquier otro, un hombre sin cejas se le acerca y le susurra unas palabras crípticas antes de retirarse asustado.

Mientras el viejo recuerda cómo fue su vida, y la constante conexión que tuvo con la literatura policial, comienza a desenredar las palabras del sin-cejas para descubrir su significado oculto. Comienza a convencerse de que se ha cometido un crimen y que sólo él puede resolverlo a través de razonamientos lógicos.

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En este link pueden leer un primer extracto. La edición enero/febrero 2018 de la EQMM puede conseguirse por acá.

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¡Gracias, Josh! Tu interés en mí me revitalizó las ganas de continuar escribiendo. Me ayudaste a cumplir un nuevo pasito en mi carrera de escritor. Mi próximo desafío ahora es tomar un relato policial que amé escribir y animarme a llevarlo al inglés yo solito para intentar publicarlo.
  

Benjamín y yo leyendo The Final Analysis...

¿Quieren leer más cuentos de mi autoría? Publiqué muchos de ellos en este apartado: MIS CUENTOS.

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=>> Otros posts sobre MI LITERATURA en el blog: “Invitación a un crimen, un cuento de Josh Pachter”; “Mis novelas y publicaciones”; “Un verano para recordar”, “El Alma Dividida”, “Mis cuentos”.

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martes, 6 de febrero de 2018

Neurosis y cinismo: 5 películas fundamentales de Woody Allen


El realizador más ingenioso y sarcástico de Nueva York acaba de estrenar su nueva película, La rueda de la maravilla. Aprovecho la ocasión para recomendar 5 películas fundamentales de Woody Allen.


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Decir que Allen es un director que ha influenciado al séptimo arte es quedarse corto. Se trata de uno de los realizadores más prolíficos y ha presentado una nueva película casi todos los años desde 1966.

Inspirado por el cine europeo, Allen suele presentar historias atípicas que suelen separarse notablemente del cine hollywoodense (con excepciones, claro). Su éxito allanó el camino para que muchos actores y directores independientes pudieran expresar su arte con poco dinero y grandes ideas.

Más allá de su vida privada –donde indudablemente ha realizado cosas moralmente cuestionables– creo que sus obras son mágicas. Estas son las 5 producciones suyas que encuentro esenciales para conocer su tipo de cine (lo cual no significa, necesariamente, que sean las mejores).



Los lectores seguramente encontrarán algunas más que puedan recomendar a los ajenos a su filmografía.

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Annie Hall (1977)


Quiero arrancar por sacarme de encima a la elección más obvia. Amo esta película y es la primera que le recomendaría a cualquiera que me pregunte: “¿Con qué película de Woody Allen tengo que arrancar?”. Es la obra definitiva de Allen, la más aclamada y la que contiene todos los elementos que hacen a su cine.

Cada escena y cada gag de Annie Hall es tan familiar y conocido que ya forman parte de la cultura popular. Es una comedia romántica con los típicos condimentos allenianos: un protagonista intelectual, neurótico y nostálgico, ruptura de la cuarta pared, relaciones complicadas y el tratamiento de temáticas sobre el sexo, la cotidianeidad, la sociedad americana y la muerte.

Esta película tiene el balance perfecto entre lo anárquico de las primeras películas de Woody Allen y sus trabajos más introspectivos y existenciales de los ochenta, pero también tiene muchísimo humor tan bueno como sorprendente.

Recomendaciones similares: Manhattan y Hannah y sus hermanas por las temáticas tratadas y la fatalidad de las relaciones. Manhattan Murder Mistery por el dúo protagónico Allen-Keaton.



En sus últimos años, Allen comenzó a viajar por el mundo para ubicar sus historias fuera de Nueva York, mostrando gran interés por las ciudades europeas. Pocos directores saben capturar la belleza de una ciudad tan bien como él.

De todas sus películas centradas en una ciudad en particular, me encanta Vicky Cristina Barcelona, una sensual comedia de enredos que tiene a Scarlett Johansson y a Rebecca Hall enamorándose de Javier Bardem durante un viaje a España.

Recomendaciones similares: Medianoche en París, por el tratamiento de la ciudad parisina. To Rome with Love, por la emblemática ciudad italiana.



Desmontando a Harry es una de las películas de Woody más honestas (tiene mucho de autobiografía). Es bastante vulgar y profana (como la mayoría de sus historias), y cínica y sarcástica… pero muy divertida al mismo tiempo. Hay un estilo de edición bastante original y bien utilizado en el cual se aprovecha a un elenco increíble.

Esta es mi historia favorita de “escritores con bloqueos de escritor” y otra de las películas fundamentales de Woody Allen. Tiene algunas de las escenas más memorables de toda la filmografía del director.

Imposible no aplaudir aquel momento fantástico en el que el protagonista va descendiendo en un elevador hasta el último piso del infierno. Una de las mejores pelis que va a gustarle, incluso, a aquellos que no sean grandes fanáticos del director.

Recomendaciones similares: la genial e infravalorada Stardust Memories por la metatextualidad y el componente biográfico. La Rosa Púrpura del Cairo, por la ruptura de la cuarta pared y la comedia autorreferente.



Esta antología de siete sketches sobre la sexualidad es una de las mejores comedias del cine. Quizás hoy quedó medio desactualizada. Sin embargo, cuando salió en los años ´70 fue una revolución absoluta. Pocos se animaron a hablar de ciertos temas sexuales que eran considerados tabú por el séptimo arte.

Hoy vuelvo a ver esta película y muero de risa con la originalidad de algunos gags. Especialmente ingenioso es el último sketch, en el que Woody Allen interpreta a un esperma durante una noche de cita. Toda la escena la vivimos adentro de la cabeza del tipo que está conociendo a una mujer. Imperdible.

¡Y cómo olvidar a Gene Wilder tiernamente enamorado de una oveja!

Recomendaciones similares: Sleeper, por el sarcástico tipo de humor y la ciencia ficción. Small Time Crooks, por la creatividad de algunos chistes.

Zelig (1983)


A lo largo de su carrera, Allen muchas veces se retrató a sí mismo en sus trabajos. Pero este falso documental sobre un hombre-camaleón que vivió en la primera mitad del siglo 20 –y que podía alterar su personalidad y apariencia para mezclarse con quien quisiera– es la película esencial de “Allen siendo Allen”.

Quizás la más incomprendida del director, se trata de un concepto muy loco que incorpora algunas temáticas filosóficas interesantes al tiempo que presenta una historia emotiva y familiar. Sin duda una de las más extrañas de su obra y una que vale la pena experimentar al menos una vez.

Recomendaciones similares: Take the Money and Run (1969) por el aspecto de falso documental. Bananas (1971), por el tipo de comedia alocada.

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Estas son mis 5 películas fundamentales de Woody Allen. ¿Cuál agregarían a la lista y por qué? ¡Pueden dejar sus comentarios!

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domingo, 4 de febrero de 2018

Mis días por el norte argentino (Diario de viaje)


El blog estuvo out-of-office estos últimos días porque salí, nuevamente, a mochilear por la vida. En esta oportunidad tuve la suerte de conocer el norte de Argentina. Uno de mis grandes pendientes desde hace años que finalmente pude concretar. En especial considerando que tengo a un gran amigo viviendo en Tucumán y prometiéndole mi visita por años.

Recorrí Tucumán, Salta y Jujuy en uno de esos viajes que quedan bien marcados en la memoria.


En este post innecesariamente largo voy a describir algunas de mis aventuras y (como siempre me gusta hacer) dar algunos consejos fundamentales para los que se animen a recorrer esos hermosos parajes.

Este diario de viaje también está subido a mi página de Viajeros.com

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Día 1 – La salida desde Bahía Blanca (viernes 26/01)

Es muy loco cómo uno se sigue emocionando y poniéndose ansioso por un nuevo viaje con la misma intensidad que la primera vez. Cada travesía me intriga, hace funcionar en mí instancias desconocidas. Cada viaje me interpela y me desafía a sacarle el mejor provecho a los lugares que visito con la menor cantidad de tiempo posible (porque, admitámoslo, el tiempo siempre nos juega en contra).

Y, una vez más, decidí viajar solo. Porque es más fácil, porque implica menos coordinación, porque da más libertad. También porque tuve el permiso de Doña Natalia, mi mujer, quien me apoyó siempre a la distancia. Pero, sobre todo, porque es hermoso. Viajar solo te invita (más bien, te obliga) a estar con vos mismo, a enfrentarte al pensamiento, al divague, a las reflexiones más íntimas. Y eso, a mí, me vuelve loco.


"Cambio transporte por unos buenos mates"

Después de todo, tenía notebook con películas, mis libros, mi escritura. Tenía el celu y mapas, y recomendaciones y personas a conocer en el camino, y gente que, desde casa, me seguía en el recorrido. Con eso sería más que suficiente.

En fin, basta de delirios filosóficos.

Salí en bus desde Bahía Blanca a las 3 pm en un viaje eterno. Llegué a Buenos Aires a las 2 am, una hora más tarde de lo planeado.

En el medio me vi dos pelis (Batman: Gotham by Gaslight y Hannah and her sisters, de Woody Allen), mitad de temporada 4 de Silicon Valley y un episodio muy divertido de Family Guy. Leí un poco mi novela de Murakami y algunos artículos del número nuevo de La Balandra que me había llevado. Dormí un poco (muy poco). Ya no sabía qué hacer.

Apenas pisé Buenos Aires, volví a odiarla. Más a esa hora. Me costó encontrar el colectivo 33 para llegar a aeroparque, y terminé tomando el 45. Tuve que preguntar bastante porque las apps para guiarte son bastante apestosas. No ayudó que el celu se estuviera quedando sin batería. Finalmente, llegué a aeroparque a las 3.30 am, siendo que mi viaje salía 5.30 am.

La pasé bastante mal, durmiendo sólo un par de horas y ocasionalmente. En el avión, por ejemplo, logré cerrar los ojos una horita adicional. 7.30 am llegué a mi primer destino: San Miguel de Tucumán.


La épica llegada a Tucumán...

Día 2 – Tucumán: el cerro San Javier y Yerba Buena (sábado 27/01)

Mi amigo Adrián (alias El tucu) me pasó a buscar a mi llegada, como ya habíamos arreglado. Lástima que, en lugar de tomarse un colectivo (que es lo que yo habría esperado), vino en taxi y me llevó en taxi. No quiero decir cuánto le costó porque fue muy doloroso. (500$ de dolor… cough… cough).
«Regla #1 del mochilero: el buen mochilero siempre evita el taxi, ese engendro del demonio cuyo único objetivo es sacarle al pobre viajero el poco dinero que lleva encima.»

Más tarde conocí a una argentina en Jujuy que cometió el mismo error. Un taxi desde el aeropuerto de Jujuy al centro les costó casi 600$, cuando el colectivo (que, de hecho, funciona con la SUBE) costaba 10$. Pero ya llegaremos a eso.

La cuestión es que el taxista (Walter) resultó ser el típico taxista porteño: divorciado, agrandado, ganador, daba consejos y todas sus historias eran de éxito.


Lo primero que me impactó de Tucumán fue la cantidad de verde que te golpea en la cara. Es súper llamativo. Pronto entendí por qué lo llaman “El jardín de la república”. Enorme cantidad de verde y humedad. El escenario tropical es hasta similar a Centroamérica, en algún punto.

La otra cosa llamativa es la tremenda cantidad de motos. Están por todos lados, como si fueran ratas. La inseguridad en Tucumán es altísima, y un gran porcentaje se corresponde con los infames motochorros. De hecho, a Adrián lo robaron en moto unos días después de que yo me fui.

El departamento de mi amigo –bastante desprolijo y descuidado, por cierto– no queda realmente en San Miguel de Tucumán, sino en una ciudad pegada que se llama Yerba Buena. Están tan pegados que son casi indistinguibles, pero, según me contaba el Tucu, tienen grandes diferencias y rivalidades. (Algo así como Neuquén-Cipolletti).

Me recibió Benito, el molesto gato que parecía ser el dueño del lugar. Se convertiría en mi peor enemigo durante mi estadía. Había meado en toda la casa y dejado sus “regalitos” en la ducha del baño. Divino.

Luego de desayunar, salimos para el Cerro San Javier tomando el colectivo urbano 118, que nos deja arriba (35$ el pasaje). El viaje, de por sí, es maravilloso. Vas por un camino sinuoso y en ascenso durante media hora hasta llegar al pueblo de San Javier, que está literalmente en un cerro.

Representa un excelente punto para obtener las mejores vistas panorámicas de la ciudad y los diversos paisajes naturales que la rodean.


Detrás mío, Silent Hill


Un cristo enorme para hacernos sentir chiquitos

Ahí se puede ver una iglesia, una gran cruz y demás cosas católicas. La vista panorámica de todo Tucumán es impresionante, aunque al principio la densa niebla no nos permitió ver nada en absoluto. Tomar unos mates en ese cerro es impagable.

Cerca hay una cascada, pero no llegamos hasta ahí.

Dato de color: con una altura de 28 metros, el Cristo de San Javier se convirtió en la cuarta estatua más alta del mundo de un Cristo, a 1.275 msnm.


"Este es el Cementerio de Elefantes, Simba. Aquí nunca debes venir..."

En unos artesanos cercanos intenté regatear una figura del San Javier (salía 40$ y quería llevármela por 30$). La mina inicialmente aceptó mi precio, pero después se enojó el artesano de al lado (que vendía la misma estatuilla) y ella me terminó diciendo que no podía vendérmela por esa plata.

Luego estuvimos media hora esperando el bus de vuelta. Como si el karma me estuviera cobrando la treta que le intenté hacer a la vieja artesana (el viejo truco “¿40 pesos? ¡Pero si el otro me lo cobraba 30!”).


Para el almuerzo, nos tentó Johnny B Good, que recién había abierto en Yerba Buena. La siesta fue necesaria porque, realmente, estaba mal dormido desde el día anterior.

Cuando me desperté, Adrián se había ido al centro a hacer unas cosas y yo debía encontrarme con él. El ingrato de Benito seguía meando en cada rincón del departamento, y encima lloraba por todo. En un descuido, que hasta hoy no me perdono, cuando salí el bicho se quedó inexplicablemente afuera.

Llegué al centro en el colectivo 102. Cuando me encontré con el Tucu, él tuvo que volverse a rescatar a Benito de las garras de los perros asesinos del barrio.


La cara misma del mal

Tomamos unas cervezas en Porter que resultaron ser medio berretas. Por eso nos trasladamos a Antares, donde sabés que no le errás. Nos atendió una simpática moza a quien le adiviné la edad y el nombre (Ana, 23. Parecería que todas las mozas se llaman “Ana” y tienen 23 años).

Antares remontó la noche con buenas birras y excelentes empanadas tucumanas. Compré un powerbank (100$) porque estaba cansado de estar siempre sin batería en el celular. Recorrimos el centro entre anécdotas y risas. Me saqué unas fotos con un perturbador Mickey y probamos otras empanadas tucumanas que también fueron increíbles.

El centro estaba muy vivo, la plaza llena de gente. Volvimos a casa (la vuelta fue eterna) y metimos unas burguers. La idea inicial era volver a salir pero, para fortuna de ambos, se largó a llover de forma torrencial, con tormenta eléctrica y todo. El combo completo. Así que no quedó otra que irnos a dormir. Así se terminó mi primer día en Tuculandia.


Día 3 – El Tafí del Valle que nunca fue (domingo 28/01)

Me levanté a las 8.30 a.m. con la intención de agarrar la mochila y salir para Tafí del Valle, mi segundo destino programado. Hay un servicio de colectivos (La Aconquija) que tiene varios horarios de salida: 10 a.m., 12 p.m, 14 p.m., etc. Pero las lluvias intensas continuaban y los colectivos no salen por riesgo de inundaciones.

De hecho, las tormentas abarcaban tanto a San Miguel como a todo el valle, provocando bastantes inconvenientes. Me dio bronca no haber mirado el pronóstico con unos días de anticipación para poder tomar acciones alternativas. Finalmente perdí la reserva que tenía en Tafí y me resigné a pasar un día más en la capital tucumana.

No es que molestara tanto, porque tenía a mi amigo y un techo para pasar la lluvia. Así que pasamos la mañana entre mates, guitarreada, el molesto de Benito, una breve escapada a un casino cercano y un gran almuerzo de supremas con puré de papas.


Tipo 5 pm paró la lluvia y salimos a dar unas vueltas al centro, donde finalmente pude tomarme la clásica foto con la “casita” de Tucumán. 


La mal llamada "casita" de Tucumán

Nuestros pies nos arrastraron, casi sin querer, hasta Antares para degustar otras pintas. Cenamos algo en el departamento (tallarines con salsa de cornalitos… Adrián verdaderamente se la jugó en el aspecto culinario).

Terminamos la noche en Detroit, un barcito de barrio, donde seguimos charlando de la vida y tomando unas pintas de dudosa calidad. A las 6 am tenía mi bondi hacia Cafayate, por lo que me levanté a las 5 de la mañana para salir a la terminal.

El boleto estaba 390$ pero, mostrando el carnet de estudiante, logré un descuento importante, quedando en 312$.
«Regla #2 del mochilero: tu carnet de estudiante es tu amigo. Siempre (SIEMPRE) pregunta si hay descuentos para estudiantes en tours, pasajes, hospedajes y entradas.»

Día 4 – Cafayate y la quebrada de las conchas (lunes 29/01)

Pese a algunos bajones, pasé un gran día en Cafayate, una ciudad que me encantó y a la que volvería.

Me recordó a esos pueblitos pequeños que conocí en Guatemala, como Antigua y San Ignacio. Está muy pensado para los turistas, y se ve que vive de eso y de sus bodegas. El lugar está lleno de hostels (¡a veces hasta 3 o 4 por cuadra!) y de artesanos ofreciendo sus sobrevaluadas fabricaciones.

Es el pueblo más importante de los Valles Calchaquíes, conocidos por sus diferentes bodegas y las majestuosas formaciones rocosas que pueden verse en la Quebrada de las Conchas.

El viaje fue bastante largo. Salí de Tucumán a las 6.30 am y llegué a las 12.30 pm a Cafayate. ¡Demasiado para hacer 220 km! El tema es que estos colectivos paran en cada pueblito en el medio. A las 8.30 am, por ejemplo, estaba en Tafí del Valle (se me piantó un lagrimón… tendré que conocerlo en un próximo viaje), a las 10.30 en Amaicha del Valle, etc.

Con un poco más de tiempo, me habría gustado recorrer cada uno de esos lugarcitos. Al llegar a Cafayate, caminé al hostel que, por suerte, quedaba cerca. En el medio comí unas empanaditas que encontré en un puesto (10$ c/u).



El hostel en el que me quedé fue Casa de Huesped (230$). Me decepcionó con fuerza. La gente es re amable, está moderadamente limpio, tiene wi-fi y buena ubicación (3 cuadras del centro, 8 cuadras de la terminal). Sin embargo, es demasiado básico y rústico. La cocina, por ejemplo, no está bien equipada y es miniatura. Las habitaciones tienen mala iluminación y muy pocos enchufes. No es un lugar cómodo para estar.

En mi habitación estaba Derek, un amable canadiense (como todos los canadienses) con quien intercambié unas palabras. También había un argentino más, un tipo grande. Creo que éramos, casi literalmente, los únicos huéspedes.

Salí a recorrer y llegué hasta Majo Viajes, al lado de la catedral, donde consulté por la excursión a la Quebrada de las Conchas. Logré regatear un buen precio. De 450$ que costaba inicialmente, lo terminé pagando 350$. Luego me enteré de que por mismo viaje otros pagaron hasta más de 500$. (Y, desde Salta, unos amigos que conocí pagaron 1000$).
«Regla #3 del mochilero: todo precio es negociable. Especialmente los artesanos y los guías turísticos le ponen un sobreprecio a todo. El regateo es digno, válido y un recurso fundamental para no caer en trampas de turistas.»

Esperé a que se hiciera la hora de la excursión con una pasable cervecita artesanal y música folkclore de fondo, en la esquina de la plaza. La temperatura era de 23 grados y estaba nublado. Un lujo.

La excursión me encantó y la recomiendo ampliamente. Es cansador (arrancó a las 3 pm y volvimos a las 20.30 pm) pero vale mucho la pena.

La Quebrada de las Conchas es dueña de uno de los paisajes más impactantes de todo el norte argentino. Las formaciones rocosas erosionadas a lo largo de millones de años dieron lugar a curiosas figuras y vibrantes colores: rojos, amarillos, verdes, azules, violetas, diferentes tonos de naranjas, etc.

Caminamos por Los Colorados, Los Castillos (donde me llevé un vinito malbec para regalar a mis viejos), El Sapo, el Mirador Tres Cerros, el tremendo Anfiteatro y la Garganta del Diablo, el gran final del tour. 



A wild Bulbasaur appeared!





En el medio nos detuvimos en el paraje Santa Bárbara para hacer pis y comer unas tortillas. Ahí me saqué una copada foto con las llamas.


Si puedo objetar algo, el guía no tenía demasiada onda y el grupo tampoco. Había un popurrí variado: dos señoras alemanas, una pareja de viejitos franceses, una canadiense viajando sola, tres parejitas argentinas, dos amigas argentinas y yo. La verdad es que no charlé demasiado con ninguno porque ninguno de ellos tenía la mejor energía del mundo.

De todas formas, es clave la excursión para poder meterte bien por la quebrada sin temor a perderte. El guía nos llevó por caminatas muy lindas por lugares que, andando solo, serían laberintos imposibles.

Para mí fue una experiencia inolvidable que me conectó de forma intensa con la naturaleza, un viaje interno muy especial. Lo único que me molestaba era tener que pedirle a la gente que me sacara fotos (el gran problema de viajar solo. Pero ni en pedo me compro un shitty-stick).

De vuelta en el hostel, compartí una copa de vino con Derek mientras devoraba unos fideos blancos. Lo invité a dar una vuelta conmigo al centro, pero él prefirió irse al sobre. No había nadie más en el lugar, por lo que terminé saliendo solo.

La plaza central estaba muy viva, llena de gente y de música folclórica por todos lados. Me senté a tomar algo y regresé a eso de las 11 pm, donde me fui derecho al sobre para levantarme temprano al día siguiente.

Cafayate es un re lindo pueblo para el que busca tranquilidad. De haber tenido un día más, habría alquilado una bici para recorrer bien algunos cerros y diques que tiene cerca. Es súper relajado y pintoresco. Eso sí, la señal de celular es pésima. Próxima parada: Salta capital.

Día 5 – Salta: Cerro San Bernardo, museo y asado (martes 30/01)

Mi primer día en Salta fue un punto muy alto en el viaje. Me levanté en Cafayate a las 7.30 am y desayuné café con tortillas. Tuve que apurar el paso para llegar a tomar el bus El Indio, que salía 8.50 am para la capital salteña.

No hay descuento de estudiante, pero pude lograr un precio especial sólo por solicitar un descuento (de 240$ a 220$).

Me sigue resultando loco que un colectivo pueda tardar 4 horas en hacer 180 km. El recorrido es hermoso, pasando por toda la Quebrada y por cada mini pueblito en el medio (¡incluyendo Alemanía, fundado por alemanes!).

Llegué 12.30 pm En el medio vi un thriller de terror pasable: A Dark Song, una película independiente de origen irlandés. También continué las aventuras que relata Murakami y vicié mi Cursed Treasure 2 en el celu. Se hizo pesado el viaje.

Desde la terminal, el hostel reservado estaba a unas diez o doce cuadras, un lindo paseo por el Parque San Martín donde me hice de media docena de empanadas salteñas a 35$ (un regalo). Comer en Salta, de hecho, es realmente barato. ¡Ni se justifica cocinar por esos precios!


Me gustó mucho el hostel Ferienhaus.  Pagué 475$ por las dos noches y tiene todo lo que un buen hostel tiene que tener: buena ubicación (está en pleno centro), buenos espacios comunes, wi-fi, habitaciones bien equipadas (lockers, enchufes, etc). Es muy lindo y recomendable.

Me pegué un baño y salí para el Museo Arqueológico de Alta Montaña (MAAM), donde la entrada es de 130$ pero los estudiantes pagamos 40$ (clave aprovechar ese descuento).

El auto tour te lleva 20 o 30 minutos, dependiendo de cuánto le quieras dedicar a cada sector. Se exhiben los resultados de una investigación arqueológica realizada a 7000 metros de altura en Llullaillaco, donde se encontraron restos de toda una antigua civilización inca.

Es bastante imponente. Los Niños del Llullaillaco representan uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de los últimos años.


Foto de stock (no se pueden sacar fotos o filmar adentro)

Cuando ves los cuerpos de los niños, crío-preservados en cápsulas que modifican su atmósfera reduciendo el contenido de oxígeno en un ambiente estable de veinte grados centígrados bajo cero, un frío helado te recorre la espalda. Posta. Parece que se murieron hace 5 días, y en realidad pasaron 500 años.

Solamente hay dos museos como el MAAM en el mundo. El otro está en Lima, Perú, si no me equivoco.

Luego partí a pie para el Cerro San Bernardo, uno de los atractivos turísticos más conocidos de Salta.

Son unos 45 minutos de subida por escaleras que te matan, pero resultan muy gratificantes cuando alcanzás la cima. Arriba hay una cascada artificial, sectores de juegos y ejercicios, bares y artesanos. Es ideal para pasar una tarde. La mirada panorámica de la ciudad no tiene precio. De hecho, es un recorrido que no tiene precio, literalmente, a menos que decidas subir por teleférico (100$ el viaje, aproximadamente).




Al final esa tarde terminé caminando como por tres horas. Volví muerto, habiendo conocido bastante de la ciudad. En el hostel me tomé una birra con un neozelandés y un alemán, escribí para el blog y pintó asado con la gente del lugar.

Por cierto, y antes de que siga, la cerveza Salta apesta y no se la deseo ni a mi peor enemigo. Encima, por 60$ el litro, no lo vale.

La cuestión es que pintó asado. Por 200$ por cabeza comimos como reyes. Éramos varios argentinos (Gustavo –alias John Malkovich–, Sebastián, Rocío, Antonella, Damián –alias Abel Pintos–, Sebastián, Martín, el santafecino y yo). También había un alemán (Andreas) y unas pibas francesas que, aunque no se prendieron al asado, andaban por ahí. La pasamos realmente muy bien y terminamos charlando como hasta las 4 de la mañana.


Un día súper memorable. Qué lindo es pegar onda en el hostel y poder disfrutar de esas veladas tan improvisadas como divertidas.

Día 6 – Salta: lluvia, videojuegos y peña (miércoles 31/01)

Otra mañana de lluvias intensas. En Salta incluso se generaron violentas inundaciones. Me perdí el free walking tour que quería hacer, pero no me molestó porque podría hacerlo al día siguiente, antes de salir a Jujuy.

Desayuné, escribí un toque y mateamos con los chicos argentinos el resto de la mañana. En un momento mencioné que había un Sacoa al lado y algunos se coparon para viciar. Yo metí mucho Pump it Up (me estoy volviendo bueno) y unos House of the Dead. Con los chicos jugamos Daytona y ellos jugaron Tejo, entre ellos.

Luego salí a pasear un rato y comprar algunos regalitos para la familia. De almuerzo comimos la carne del día anterior y organizamos para ir a una peña por la noche.

Afortunadamente, por la tarde dejó de llover. Salí a caminar mucho (de nuevo) para comprar algunas pavadas. Más tarde tomamos mates en la plaza con los chicos: Damián, Sebastián, Gustavo y yo.


La peña fue genial. Meta vino y música folkclórica. Al final fuimos 10, prácticamente los mismos del asado anterior: todos los argentinos que quedaban (algunos ya se habían ido), las tres francesas y el picarón alemán.

Fuimos a La casona del molino. Queda lejos (unas 20 cuadras del centro) pero lo vale totalmente. Comimos: ensaladas, un cuarto de vacío, 2 matambres a la pizza, papas con queso, dos docenas de empanadas, 4 birras y 6 vinos. Todo por 240$ por cabeza.



Día 7 – El free walking tour de Salta y San Salvador de Jujuy (jueves 01/01)

Me levanté temprano, como todos los días, desayuné, armé la mochila y partí para el Free Walking Tour. Me sorprendí gratamente al enterarme de que había uno en Salta. Hice varios en Europa y me parecen la manera ideal de recorrer una ciudad y conocer todos sus secretos.

Salta es la quinta ciudad con este tipo de tours en Argentina. También están Buenos Aires (obvio), Córdoba, Mendoza, Rosario y –recientemente– Catamarca.

Nos atendió Homero, un salteño piola que habla inglés lo suficientemente bien. El tour puede también hacerse en español, pero prácticamente eran todos extranjeros.

Recorrimos la plaza, la Catedral, el MAAM, los conventos, el monumento a Güemes (fascinante historia, ironías de la vida que el monumento de un revolucionario traicionado por su propio pueblo esté en la parte aristocrática de la ciudad). También recibimos varias recomendaciones de lugares para comer y cosas para hacer. Es un buen tour que tiene mi más alta recomendación. Dura aproximadamente 2 horas.


 Free Walking Tour - Salta

Luego busqué la mochila y partí para la terminal. De haber podido, tranquilamente me habría quedado dos días más en Salta. Tiene buena onda, es pituca y me faltaron algunas cositas. Por ejemplo, me quedé con ganas de hacer el camino hacia la Quebrada de San Lorenzo.

El pasaje a Jujuy me costó 175$ (con descuento). Hay varios horarios. Salí a las 14 pm y llegué  a las 16 pm La nueva terminal de Jujuy es hermosa pero queda en las afueras de la ciudad. Por fortuna, hay casi una decena de buses que te dejan en el centro, y funcionan con la SUBE. (10$ el viaje).

Llegue al hostel Hostelina, en pleno centro. Pagué 500$ las dos noches. Mientras me tomaba unos mates, me puse a charlar con Valentín, un flaco re loco y amante del cine, con acento mexicano. Está preparando el examen de ingreso al Enerc, que abrió nueva sede en el norte. Sólo ingresan 28 alumnos por año. Con él nos colgamos hablando bastante de cine.

También apareció Marisol, una docente de literatura en Buenos Aires que califica como una de las personas más colgadas que conocí. Me hacía reír mucho con sus cuelgues. Caminamos un toque por el centro y luego nos separamos. Ella quería ver artesanías y yo quería bañarme y descansarla. Ella llegó por la noche y se terminó durmiendo a las 22 hs.

Por suerte, cayó otra argentina copada, Nora, a las 22.30 hs. Recién llegaba del vuelo (pagó 500$ por un taxi… definitivamente no leyó mis “Reglas del mochilero”). Se sumó a los fideos que estaba haciendo y quedamos charlando un toque.

Lo más loco de todo es que Nora –también docente de literatura en secundaria como Marisol– iba a hacer el mismo viaje hacia Bolivia.

Desgraciadamente, esa noche el hostel estuvo bastante depresivo. Sólo éramos nosotros tres y un viejo medio asqueroso que toca la guitarra eléctrica en la calle (la gasta). Luego de dar una vueltita nocturna por el centro, me fui a descansar.


 Matecitos en el hostel de Jujuy

Creo que me olvidé una de mis mallas preferidas en Salta, porque no la encuentro por ningún lado. Ampliaremos sobre ese triste y devastador acontecimiento.

Día 8 – Purmamarca y el Cerro de los Siete Colores (viernes 02/01)

El día anterior había estado investigando por excursiones a Purmamarca y las Salinas Grandes y terminé convenciéndome de que son un choreo. Me cobraban más de 1100$ por la excursión, un dinero que no tenía ni ganas de gastar. Una locura total.

Así que me armé mi propio viaje. Me tomé un bondi a la nueva terminal y de ahí saqué pasaje a Purmamarca. Hay muchos horarios y el costo es sólo de 80$. Tarda 1 hora y cuarto en llegar desde Jujuy.


En la ruta terminé de ver Cinema Paradise (hermosa película. Qué final brillante tiene). Había una nena insoportable que no paraba de llorar y la madre no hacía nada. Literalmente creo que lloró durante 45 minutos seguidos. Todos estábamos súper impacientes y algunos pasajeros hasta se fueron a quejar y se movieron de lugar.

Yo me puse a charlar con mi acompañante de asiento, Patricia, que resultó ser una grosa. Ingeniería y docente universitaria (como quien escribe) se estaba tomando unos días en el norte para descansar, participar de actividades culturales, cantar e intentar agarrar algún cargo por esta zona. Nos quedamos un buen rato hablando hasta que llegué a destino.

En el medio el colectivo se detuvo por la llegada de un helicóptero. Descubrimos que Macri estaba descendiendo hacia la zona para dar un discurso sobre la reconstrucción del pueblo Volcán, que quedó completamente tapado por un alud hace un tiempo. Probablemente es lo más cerca que alguna vez estuve de un presidente.

El pueblo de Purmamarca es súper chiquito y sencillo, casi completamente cubierto por artesanos con sus productos. Está a unos 65 km de Jujuy, rodeado de un imponente marco natural. Recorrí el centro (que no es mucho más que la plaza principal) y subí hasta el mirador principal para la foto obligada con el Cerro de los Siete Colores, un cerro que combina ocres, amarillos, naranjas, verdes, violetas, lilas y marrones.



Purmamarca es de origen prehispánico y supo formar forma del Camino del Inca. Todavía conserva ese encanto colonial. La ferias de artesanos es muy colorida y hasta tiene un cabildo (el más chiquito del país).

Hay una muy linda caminata (Paseo de los Colorados) que puede hacerse siguiendo el camino detrás del mirador. Te lleva rodeando el cerro y te encontrás con unas panorámicas increíbles. Se recorren unos 3 km (1 hora aproximadamente a pie).


Comí algo en Wiphala, un restobar muy lindo. Pagué 170$ por una gran ensalada andina, dos empanaditas y una cerveza. No me pareció caro y me vino bien para usar wi-fi, el baño y poder sentarme cómodo un rato.

Por suerte, si bien hacía calor, la temperatura estaba más que agradable. El sol no picaba. Uno de mis miedos al venir al norte fue que me iba a morir de calor, con temperaturas altísimas. En ese sentido creo que tuve suerte, porque ningún día hasta ahora creo que llegó a los 30°. En general el clima se mantuvo en unos agradables 23-25 grados y con cielo nublado, lo cual lo hizo todo muy soportable.

La verdad es que me quedé con ganas de llegar hasta las Salinas Grandes, pero me cobraban 300$ para llevarme en taxi, y es un dinero que no quería gastar en eso. Es más, lo gasté, pero en regalos para la bruja y el enano.

Me tomé unos mates en la plaza, charlando con algunas parejas que estaban por ahí, y regresé a Jujuy en el colectivo de las 14.45 hs. Creo que Purmamarca es para eso: pasar un par de horas. No sé si hay mucho más para hacer, por lo menos en épocas diferentes a Carnaval.


Desde Purma es posible llegar fácilmente a Humahuaca (65$) o Tilcara (20$). También hay muchos horarios de colectivos disponibles. Estuve tentado a seguir hacia alguno de esos dos destinos. Son lugares que me quedarán para un próximo viaje.

De vuelta en el hostel, escribí un poco, organicé mi mochila, hablé con mi viejo y tomé mates con Fabián, un porteño que se convirtió en el aliado de la noche. También estaba viajando solo. Habían llegado unas familias, una pareja de amigos porteños (medio amargos) y un grupito de chicos y chicas que eran todos parejas.

Junto a Fabián, Valentín (el futuro estudiante de cine con acento mexicano que trabaja en el hostel) y Daiana, también recepcionista del lugar, descorchamos un vino que había comprado el día anterior y lo tomamos con aceitunas y papas, mientras intentábamos convencer a Valentín de que saliera con nosotros en la noche. Al final decidió acompañarnos porque así se lo dijo el lanzamiento de una moneda, aunque horas más tarde él nos terminó fallando.

La cuestión es que terminamos saliendo Fabián y yo. Buscamos algún barcito pasable para tomar algo y todo estaba medio muerto. El día anterior había sido “Jueves de Compadres” (una típica fiesta pre-carnavalesca de Jujuy) y se ve que el viernes seguían todos detonados.


Luego de caminar como una hora, nos conformamos con una pizza y una cerveza en un bar a la vuelta del hostel. Por esas vueltas de la vida, la moza, Andrea, nos consiguió ingreso gratuito a un boliche de onda llamado “Grey”, donde supuestamente sale 120$ entrar. Yo no estaba tan entusiasmado por la idea de salir, pero tenía que hacer tiempo hasta mi viaje del día siguiente, y además Fabián me necesitaba.

De todas maneras no salimos. Otra vez una lluvia intensa me cambió mis planes, lo cual me llevó a este pensamiento curioso: tres veces me llovió, una en cada una de las tres provincias en las que estuve (Tucumán, Salta y Jujuy). Esas tres veces, la lluvia se convirtió en un impedimento que me obligó a alterar mi plan inicial. Tres veces la lluvia me recordó que no tenemos control sobre absolutamente nada en este caótico mundo.
«Regla #4 del mochilero: armá tus planes con la suficiente flexibilidad para poder encontrar soluciones alternativas ante cualquier inconveniente. Ser precavido es una virtud (reservar hostels de antemano para evitar pérdidas de tiempo, investigar previamente sobre qué hacer en un lugar, revisar el pronóstico, etc) pero demasiada rigidez en los planes va a llevar, indefectiblemente, a grandes decepciones.»

Me fui a dormir, alrededor de la 1 am, con esas ideas en la cabeza. Me levanté a las 5 am para salir a la terminal y comenzar el largo regreso a casa.

Día 9 – Final de juego (sábado 03/01)

Me desperté a las cinco de la mañana para tomarme el bondi a la terminal. A las 7 am salía mi colectivo hacia Tucumán, donde me reencontré con Adrián para charlar un rato más y almorzar en el centro.

De paso, y ya que estaba, aproveché a raparme, un acto que para mí representa prácticamente un ritual simbólico. Tomamos unos mates en la plaza y por la tarde me tomé otro bondi para el aeropuerto, aunque no me dejaba exactamente en la puerta, sino a unos 4 km (así de ingrato es Tucumán).


Por cierto, hacía 31° y un calor asfixiante. Creo que es la provincia donde más sufrí el calor, probablemente debido a la humedad. Ya en el aeropuerto, esperando que partiera mi vuelo, me quedé recordando esta última semana y escribiendo las líneas finales de este diario de viaje.

El norte argentino es un destino maravilloso para el que busca conexión con la naturaleza, calidez de la gente y tranquilidad. La geografía que poseen Tucuman, Salta y Jujuy es imponente. Quedé maravillado con los paisajes, no tanto así con la calidad de los hostels en los que estuve y con la joda. Sé que el panorama fiestero cambia completamente en épocas de carnaval, pero eso no lo podré saber hasta experimentarlo yo mismo.

Por mi parte, las noches fueron más bien apagadas en las ciudades donde estuve, como si todos se estuvieran guardando energías para hacerlas explotar en los próximos días. Tampoco vi demasiados turistas recorriendo estos lugares.

Más allá de que nos queda lejísimos a los que somos del sur de Argentina, es un lugar especialmente barato y bastante mágico, donde cada esquina te puede sorprender con una postal, una nueva amistad o una situación bizarra (especialmente en las noches de San Salvador de Jujuy).

De todos los lugares donde estuve, me enamoró especialmente Salta (adonde sin duda quiero volver) y sentí que podría haberle sacado más provecho a Jujuy. Definitivamente, este es un viaje que amerita una segunda parte.

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Adiós Norte Argentino. Ya volveremos a encontrarnos.

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